La extensión universitaria es una de las formas más concretas en que la universidad se vincula con la sociedad. No siempre es la más visible, pero sí es profundamente significativa. Allí donde se trama lo colectivo, lo sensible, lo político. Lejos de una idea de intervención externa, la extensión propone habitar. Ser parte. Estar con otros, no para iluminarlos, sino para construir saberes juntos.

El segundo módulo de la Diplomatura en Extensión Universitaria se llevó a cabo el miércoles 30 de julio en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (UNJu). Con el título “Diseño y formulación de ideas-proyectos en Extensión Universitaria desde una perspectiva crítica”, bajo la coordinación del Lic. Benjamín Monti Falicoff (UNR) junto al Lic. Fabricio Oyarbide (UNMdP), el encuentro propuso algo más que herramientas: una pregunta urgente.
¿Cómo diseñar prácticas universitarias que no repliquen jerarquías, que no hablen por otros, sino con otros?
¿Cómo dejar de “bajar proyectos” y empezar a co-crear desde el territorio?



La propuesta del módulo fue clara: la extensión no es técnica, es política. La perspectiva crítica no es un anexo, es el corazón mismo del trabajo extensionista. No es un protocolo, es una pedagogía del vínculo. No se trata de ofrecer respuestas desde la universidad hacia una comunidad, sino de reconocer que el conocimiento también nace en las calles, en los barrios, en los cuerpos que resisten, en los espacios donde se inventan otras formas de vida. Como planteaba Freire: “un diálogo horizontal” una construcción colectiva de sentidos, un encuentro donde los saberes de la academia se entrelazan con los saberes populares, en un proceso de mutuo enriquecimiento. Aquí, la universidad ya no “lleva la solución” sino que esta, escucha y co-crea la solución. No hay enseñanza sin aprendizaje mutuo.
Desde esta perspectiva, el trabajo extensionista no se limita a llevar la universidad hacia fuera. Es más bien la posibilidad de dejarse atravesar por lo que está fuera. Por lo que no siempre entra en el aula, pero sí transforma el modo en que pensamos la docencia, la investigación y nuestras formas de intervenir.


Durante la jornada, los participantes compartieron experiencias que pusieron en valor los saberes que adquirieron con la práctica de hacer extensión, y validaron al territorio como fuente legítima de conocimiento y acción. En cada experiencia, se volvió evidente: la extensión no es un acto asistencialista ni civilizatorio. Es un acto político y pedagógico. Una apuesta por el diálogo, por la co-construcción de sentidos, por la justicia social como horizonte compartido.
En este sentido, ser estando es más que una consigna: es la praxis, la práctica. Es habitar el territorio no como observadores, sino para formar parte. No para diagnosticar, sino para imaginar junto a otros mundos posibles.
En tiempos donde el discurso de la meritocracia avanza y lo público se ve cuestionado, encuentros como este se vuelven esenciales. Son espacios de pensamiento, sí, pero también de afecto y de política sensible.

La diplomatura continúa, pero este segundo módulo deja algo más que contenidos. Deja una marca. Una certeza. En la universidad pública, también se milita estando. También se sueña estando. También se es estando.
Porque, al final, la verdadera extensión no sucede en un PowerPoint.
Sucede en la calle, en el barro, en el abrazo.
Sucede junto al otro.